Obispo Rangel; Sotana no es sinónimo de impunidad

Obispo Rangel; Sotana no es sinónimo de impunidad

Miguel Ángel Arrieta



Si el discurso maniqueista ideológico pronunciado por el Obispo Salvador Rangel Mendoza, pretende arrinconar al gobierno estatal para que retire el señalamiento de que los curas asesinados en la carretera a Taxco de Alarcón mantenían relaciones cercanas con jefes de grupos delictivos; en realidad lo que ha generado es revivir el escrutinio social sobre los claroscuros en los que se desplazan ministros católicos.
De hecho, el terreno en el que se mantiene el debate por las sospechas asumidas por la Fiscalía guerrerense sobre la posible cercanía entre curas católicos y capos del crimen organizado, no es nada nuevo. Pero el asunto no había trascendido públicamente por representar un tema del que políticos y jerarcas católicos prefieren mantenerse alejados, sobre todo por los elevados niveles de escándalos surgidos cuando se explora esa realidad disimulada por los líderes religiosos y tolerada por políticos medrosos.
En agosto del 2002, días antes de estrenarse en salas cinematográficas El Crimen del padre Amaro, dirigida por el mexicano Carlos Carrera y adaptada para la pantalla por el dramaturgo Vicente Leñero del libro del portugués Eca de Queirós, desde la nunciatura apostólica mexicana se ejerció la máxima presión para evitar que la obra fuera exhibida en salas de todo el país.
Antes de su exhibición y debido a la abrumadora controversia generada por grupos católicos, el gobierno de Vicente Fox se vio obligado a exhibir privadamente la cinta a personalidades religiosas.
Con objeto de impedir su exhibición el grupo Pro Vida amagó demandar al gobierno foxista, pero Gobernación rechazó todo tipo de censura y la película se convirtió en la más taquillera del cine mexicano, debido en gran parte al interés despertado por las propias organizaciones que se oponían a su colocación en cartelera.
Al final de cuentas, en lugar de evitar que la población se mostrara reservada para ver esta producción, lo que iglesia y organizaciones pro religiosas lograron fue acrecentar la presencia de la sociedad en salas cinematográficas.
Y es que en El Crimen del padre Amaro, la imagen de la iglesia católica, una institución con veinte siglos de historia, se retrata una estructura de gobierno eclesiástico que se vale de todos los recursos maquiavélicos de la política pero utilizando la religión para anteponer el poder político a cualquier otro interés.
Es una obra en la que se exponen los nexos de los sacerdotes con el narcotráfico, cómo maneja el obispo todos los asuntos políticos de su diócesis, la relación de la Iglesia con los medios de comunicación, en un marco de decadencia moral para para la institución milenaria.
En este contexto, en visiones muy diferentes por cuestión de lugar y entorno social pero coincidente en cuanto a la valorización de los escándalos católicos, algo similar ocurrió hace poco más de una década en Chicago, Illinois, cuando el poderoso Cardenal Francis George, intentaba evitar que las denuncias por casos de sacerdotes pederastas trascendieran públicamente.
El escándalo mediático inmediato arrojó una jerarquía católica victimizada y acosada, pero la profundización del caso y las investigaciones periodísticas ventilaron un lodazal de cloaca y quedó al descubierto una de las mayores aberraciones socio políticas vividas en norteamérica.
De ahí que antes de pretender llevar la investigación judicial al debate religioso para sustituir la constitución por el Nuevo Evangelio, el obispo de la diócesis Chilpancingo Chilapa deba entender que en los tiempos actuales una sotana no es sinónimo de impunidad.
Por lo pronto, antes de avivar la cortina de humo para borrar la sospecha de que los curas pueden tener cercanía con jefes delincuenciales, Salvador Rangel debe responder a los guerrerenses tres dudas fundamentales sobre este caso:
1.- ¿Cómo es que un cura con ministerio en Las Vigas, San Marcos, región de Costa Chica, recorre cuatro regiones para asistir a un festejo en el que la voz cantante la llevaron personajes relacionados con el cártel de los Guerreros Unidos? Tan solo en Acapulco cuando un sacerdote oficia religiosamente fuera de su parroquia, además de ser objeto de sanciones de la institución a la que sirve, requiere del permiso del titular de la jurisdicción en la que oficiará.
2.- ¿Puede informar el obispo el resultado de exámenes forenses practicados a los curas asesinados? Quizá este sea el punto de partida para exigir el retiro de las sospechas sobre sus correligionarios, y la disipación de versiones que señalan que los curas bebieron y se divirtieron como todos los comensales en la famosa fiesta de Juliantla.
3.- ¿Por qué si el obispo está convencido de que la Fiscalía general de Guerrero ha ensuciado el caso con afirmaciones sin fundamento, -según el propio Rangel Mendoza-, no solicita por los canales legales que el caso sea atraído por la justicia federal?
Al no plantear inicialmente estos puntos y optar por el escándalo mediático para salvar la imagen del catolicismo, lo que se observa es la intención abierta del prelado para apropiarse de la agenda de investigación sobre este crimen y conducir las averiguaciones por un laberinto de intolerancia religiosa.

Last modified onMartes, 13 Febrero 2018 20:25
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