Perredismo en caída libre

Perredismo en caída libre

Miguel Ángel Arrieta



Si alguien se atreve a señalar que la salida de Coduc del PRD Guerrero representa un golpe letal a ese partido en el actual proceso electoral, la realidad indica que ese diagnóstico es limitado. En el fondo, la deserción de la tribu liderada por Sebastián de la Rosa Peláez es apenas un síntoma de la descomposición integral hacia la que camina el sol azteca.
De hecho, un primer recuento del escenario real por el que atraviesan los perredistas ofrece por lo menos tres lecturas sobre las rutas de riesgo por las que camina ese instituto:
1.- Aunque los directivos estatales y nacionales del PRD se empeñen en ocultar detalles de las negociaciones en las que se definen candidaturas, cada día surgen nuevos informes sobre el grado de involucramiento del crimen organizado en la postulación de aspirantes perredistas a todo cargo de elección popular.
Por lo pronto, circula el señalamiento de que los propios perredistas identifican ya como una nueva corriente de su estructura al grupo MÑ.
2.- El costo de la factura por mantener la alianza PRD-PAN-MC en Guerrero representa en la práctica una reducción sensible de candidaturas a repartir entre los perredistas, dado que un porcentaje de los espacios de competencia electoral se repartirán ahora entre integrantes de los tres partidos.
Este hecho hace que la rebatinga por candidaturas casi desemboque en batallas campales entre los aspirantes del sol azteca y coloque en la antesala de la salida a otras tribus dispuestas a seguir el ejemplo de la Coduc.
Ángel Aguirre Rivero, líder moral de la corriente Izquierda Progresista de Guerrero, (IPG), mencionó en un mensaje de tweeter que esa tribu abandonará en cualquier momento las negociaciones internas.
Y el problema se agudiza ante el factor “externos”. Ahora, además de negociar entre sus corrientes, el PRD considera la asignación de candidaturas a personajes foráneos.
3.- Aun sin necesidad de llegar al primer domingo de julio, la fragmentación interna del PRD genera perspectivas derrotistas y de entrada se habla ya de la caída estrepitosa de la candidata a senadora, Beatriz Mojica Morga, como una de las primeras bajas por el desmoronamiento estructural de dicho partido.
Todavía faltan casi cuatro meses para la elección, lo que ubica ciertas tendencias electorales como indefinidas pero el planteamiento tajante de decenas de líderes perredistas que comentan su decisión de abandonar las filas de ese partido ante la cancelación de opciones para participar, indica que el desgajamiento del PRD Guerrero es irreversible en el corto plazo.
Hasta hoy ningún directivo del PRD Guerrero ha hecho un análisis objetivo sobre esta situación que vaya más allá de la declaración mediática.
En lugar de encarar una revisión seria y equilibrada de la crisis por la que atraviesa su partido, los perredistas profundizan las heridas con declaraciones despectivas y confusas. Si en verdad tratan de revertir daños a la imagen de su partido, por lo menos deben exhibir públicamente el padrón de militantes que registran y demostrar con cifras e indicadores porque consideran que la salida de Coduc no les afecta.
Después de todo, el lado positivo de reconocer una crisis es que permite visualizar los elementos reales desde los que debe partir la superación de la misma.
Además de la incapacidad introspectiva, lo que no le ayuda al PRD Guerrero en su circunstancia actual es que durante los últimos tres sexenios su fortalecimiento provino de la figura de Andrés Manuel López Obrador, y ahora carecen de esa fuente que los revitalizaba políticamente.
Por lo pronto, la presencia de Morena en el actual proceso electoral abre para el perredismo la posibilidad de convertirse en tercera fuerza política en Guerrero, detrás del PRI y del propio lopezobradorismo, lo que derrumbaría cualquier aspiración de ese partido para regresar a la gubernatura en el 2021.
Lo peor para los del sol azteca es que no disponen ya ni del peso ideológico que distinguía a la izquierda mexicana como portavoz de los sectores marginados y segregados por una doctrinaria lucha de clases.
Su alianza con panistas y priistas encubiertos de Movimiento Ciudadano, neutraliza el apostolado democrático que la distinguió a partir de la segunda mitad del siglo XX.
Al final de cuentas, lo que queda claro es que envuelto en confusiones ideológicas el PRD terminó entrampado en una lucha de ambiciones cuando decidió sustituir sus objetivos de justicia social por beneficios oligárquicos

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