• Nocturno de la derecha poblana

• Nocturno de la derecha poblana

Zapata 21
Octavio Augusto Navarrete Gorjón

Para mi maestro Jaime García Barrera, que más que el de la pluma conoce de esta historia.

I
Las elecciones el próximo 2 de junio en seis estados de la república serán la continuación radical del cambio de paradigma que aprobó la sociedad mexicana hace once meses. En ellas Morena se consolidará como una opción política en pleno crecimiento en todas las posiciones que se disputan; sin embargo hay una elección local que concentra el más alto simbolismo, la de gobernador en Puebla.
En aquel estado está en juego no sólo la gubernatura, sino la posibilidad de que la Cuarta Transformación pueda seguir caminando sin problemas mayores. Morena no enfrenta al PRIAN, el PRI tiene candidato propio y apenas va por la ratificación de su registro. Tampoco enfrenta al PAN, varios de sus dirigentes abandonaron el barco y se unieron a Barbosa hace siete días. Enfrenta a una vieja fuerza histórica de derecha que pudo atrincherarse en todos los regímenes anteriores pero que hoy inexplicablemente fue lanzada a una aventura solitaria que tiene una presencia más bien simbólica del PRD y del Movimiento Ciudadano.

II

En Puebla se enfrentan dos opciones polares de la política mexicana: la izquierda electoral por un lado y la derecha ultramontana que representa la candidatura del PAN. La resultante histórica más inmediata será el relegamiento del PRI a un lejano tercer lugar; no peligra su registro en el estado, pero será una fuerza testimonial en las seis elecciones en curso.
La polarización de Puebla tiene una historia reciente, a la que hay que agregar una pugna histórica entre izquierdas y derechas no exenta de acontecimientos trágicos. El cuestionado triunfo de la esposa del gobernador Moreno Valle y el lamentable accidente en que ambos perdieron la vida, hizo posible la actual coyuntura electoral, signada por la radicalización de las fuerzas enfrentadas. Hubo primero reiterados intentos porque Morena fuera con un candidato distinto; desde fuera de Morena y también desde dentro se pugnó por un cambio de estafeta que no se produjo. Era una lucha adelantada por la narrativa, si se hubiese cambiado a Miguel Ángel Barbosa Huerta, un muy probable triunfo de la izquierda hubiera legitimado post mortem el triunfo de Martha Érikca Alonso; la lectura hubiera sido: ‘Morena perdió de verdad en la anterior, por llevar un mal candidato y por el empecinamiento de López Obrador’. Una conclusión de ese talante hubiera relativizado el triunfo de la izquierda y la hubiera llevado a eludir compromisos y hacer toda clase de concesiones al morenovallismo, que habría encontrado forma de subsistir bajo el amparo de las siglas ganadoras. 
Amlo entendió que debía ratificar su opción electoral para demostrar en la práctica que en la elección anterior la izquierda había sido despojada de un triunfo legítimo. Ello explica el desdén a la propuesta de un cambio de candidato que hubiera beneficiado al economista Enrique Cárdenas. Al ex rector de la UDLA López Obrador le ofreció públicamente la candidatura de Morena cuando no había precandidatos; el académico declinó la invitación. 
III
La polarización en Puebla no es consecuencia de una contienda pareja, el triunfo de la izquierda se da por descontado. Se produce por un enorme coraje de la derecha poblana, a quien de pronto le ha nacido una fuerza que sin duda le arrebatará la hegemonía del estado. 
No es cualquier cosa, desde que Roberto Madrazo como dirigente del PRI y Manuel Bartlet como gobernador se llevaron el carro completo hace veinte años, la derecha poblana encontró la forma de subsistir con una presencia importante en el gobierno y con respeto en la interlocución con el poder estatal. En aquella ocasión, el genio político de Manuel Bartlet comenzó a poner en el centro del debate el término ‘derecha’; a los panistas poblanos les molestaba mucho que los encasillaran en esa opción, pero no tuvieron forma de contrarrestar la astucia del gobernador Bartlet, que encontró la fórmula para aglutinar a un priísmo que estaba en retirada y lograr (incluso con algunas marrullerías) un triunfo aplastante en las urnas, que pavimentó el camino de Melquiades Morales y Mario Marín a la gubernatura. 
IV
Rafael Moreno Valle fue la gran apuesta de la derecha poblana. Él mismo no era un derechista doctrinario; en su candidatura construyó una amplia alianza que iba desde el PANAL hasta el PAN, pasando por varios núcleos priístas que lo apoyaron. Su talante fue el de un gran operador político, dueño de un pragmatismo inmutable; siempre prefirió un mal acuerdo a un buen pleito. Se equivoca quien piense que como senador Moreno Valle se iba a constituir en un valladar infranqueable para la 4T; en las últimas semanas de su vida enviaba muchos guiños al presidente López Obrador, consciente de que el apretado triunfo de su esposa en una elección cuestionada y la debacle electoral de Ricardo Anaya no daban para tener posiciones bizarras. Es posible que si hoy viviera, el ex gobernador estaría ayudando a ampliar los consensos del presidente. 
Corrupto hasta la médula, aprovechó la vasta obra de su gobierno (sobre todo en materia de desarrollo urbano) para amasar una enorme fortuna que se benefició de toda clase de huachicoleos y de una deuda pública que terminarán de pagar los poblanos en casi cien años. Su gobierno tuvo la desmesura de oropel propia de la última etapa del neoliberalismo mexicano, signada por el saqueo de las arcas públicas y la posibilidad, muchas veces consumada, de orientar los bienes públicos a negocios privados. Esa era su religión laica, la única ideología que tenía; a él no le interesaban otros saldos históricos ni la reivindicación de una doctrina de derecha. Hay que reconocer que supo moverse magistralmente en ese mundo, rebasando en astucia incluso al círculo cercano a Peña Nieto, desde donde lo veían con una mezcla de admiración y envidia mal disimulada. 
V
La derecha poblana sí toma en cuenta aquellos saldos. Aunque fue relegada del poder estatal, siempre encontró la forma de materializar algunos de sus sueños y de constituirse en un valladar ideológico muy importante contra la izquierda, sobre todo con aquella que se asentaba en los claustros universitarios. Esas concesiones hicieron que el gobierno de Gonzalo Bautista O’Farril, de manufactura priísta, terminara encabezando una de las más crueles embestidas contra la Universidad Autónoma de Puebla, que perdió por mano vil a varios profesores y estudiantes universitarios, entre los que destacan el director de la Preparatoria Benito Juárez, arquitecto Joel Arriaga Navarro, ex preso político del 68, del director de Extensión Universitaria, Enrique Cabrera Barroso y el estudiante Alfonso Calderón Moreno. Fue tan fuerte la amalgama entre el gobierno priísta y la derecha de aquel entonces, que las balas que asesinaron a Calderón Moreno, el 1 de mayo de 1973, fueron disparadas por francotiradores apostados en la torre norte de la hermosa catedral poblana; el estudiante hacía guardia en la azotea del edificio Carolino, a doscientos metros desde donde le dispararon a él y a otros tres jóvenes que también murieron. Así se coronaba una ofensiva que había iniciado en 1972, cuando el arzobispo Octaviano Marquez y Toriz, mandó repartir volantes con la leyenda: ‘si quieres que tu hija sea puta, mándala a la universidad’. 
La actitud beligerante y protagónica del arzobispo fue respondida con uno de los más bellos poemas de Renato Leduc. La lucha ya no era sólo en Puebla, aunque ahí se decidían sus saldos históricos; la izquierda mexicana se volcó a solidarizarse con los comunistas y el movimiento estudiantil popular de aquel estado, que trajo como consecuencia la caída del gobernador Bautista O’Farril. 
El interinato del gobernador Guillermo Morales Blumenkron y los sexenios del doctor Alfredo Toxqui Fernández de Lara y Guillermo Jiménez Morales, constituye un periodo en que la izquierda obtuvo y consolidó un reconocimiento que se expresó en una ampliación de las libertades democráticas y en la elaboración de un discurso institucional que recogía varios aportes de la lucha popular de izquierda. En 1975 el gobernador Toxqui inauguró la Casa de la Cultura, junto a la catedral de Puebla, su primer director, el historiador Pedro Ángel Palou, mandó a poner en el pórtico de aquella institución una lápida donde se leía parte de la carta que el escritor francés Víctor Hugo envió al presidente Benito Juárez con motivo de la intervención francesa. En esa carta el francés hacía un llamado a los patriotas mexicanos a resistir al ejército invasor; ‘No es Francia la que os hace la guerra, sino el Imperio; la invasión a México forma parte de la agresión contra la República francesa, una emboscada completa la otra. Ya que apeláis a mi nombre os digo, que estoy con ustedes; si sois triunfantes les ofrezco mi fraternidad de ciudadano y si sois vencidos mi solidaridad de proscrito’. Esa lápida estuvo mucho tiempo en el pórtico de la Casa de la Cultura y fue hasta el gobierno de Rafael Moreno Valle en que una madrugada fue retirada discretamente. Él no era un derechista doctrinario, pero hacía concesiones a la derecha poblana, que sí sabe de simbolismos; por eso cada vez que ha tenido la presidencia municipal de la capital del estado ha intentado quitarle su heroico apelativo y nombrarla Puebla de los Ángeles. Una culta ciudadanía poblana ha rechazado una y otra vez esa pretensión y la bella ciudad colonial sigue llamándose Heroica Puebla de Zaragoza. 
VI
Una de las primeras manifestaciones históricas de la derecha poblana fue precisamente el resultado de la batalla del 5 de Mayo, cuando en muchas casas de la ciudad colgaron crespones negros cuando supieron que los patriotas mexicanos habían triunfado en la batalla. Fue por ello que el general Ignacio Zaragoza pidió permiso al presidente Juárez para incendiar la ciudad, a lo que se negó el Benemérito, que era un hombre de leyes, ajeno a la pasión humana que se sublima en la venganza. 
Desde aquel remoto tiempo y hasta ahora la derecha poblana se ha distinguido por su rabia a las ideas de la liberalidad y el progreso. La elección en curso no ha sido la excepción, el repertorio que hoy se ha desplegado contra Miguel Ángel Barbosa Huerta es el mismo que se desplegó contra Benito Juárez, Lázaro Cárdenas, Vicente Lombardo Toledano y todos los que han tenido que ver con las ideas de izquierda. Las redes sociales han ayudado a exhibir a una derecha ultramontana, carente de elaboración teórica, atrincherada en la mentira y el insulto. Contra Barbosa se dice que es borracho, que está azucarado, que es chaparro y feo y le achacan sin pruebas hasta la caída de un helicóptero. 
Los varios siglos en que ha tenido presencia importante en la sociedad poblana le han sido insuficientes a esa derecha para elaborar un programa y para reivindicar su lugar en la historia. De las redes emerge en Puebla un grito gutural, prehistórico, insultante de toda inteligencia. A los votantes se les dice que no se trata de política, sino de poner a una persona honorable al frente del gobierno de Puebla. De buenas a primeras han abolido la política y en su desesperación sólo resaltan las presuntas deficiencias del candidato de la izquierda y avalan a un académico tan honorable que sigue cobrando su beca de cuarenta mil pesos mensuales en el Conacyt aunque esté en plena campaña electoral. Hoy como ayer, quienes reniegan de la política también hacen política, de la peor. 
Los insultos contra el candidato de la izquierda son discriminatorios ¿Una persona diabética no puede participar en política? ¿Una persona fea tampoco? El candidato Enrique Cárdenas pierde toda honorabilidad (si alguna tiene) si no se deslinda de este coro antiuniversitario e inhumano. Se ha perdido toda perspectiva, hace algunos días una doctora en antropología social me decía que no es cosa de política, sino de buenas costumbres, otra egresada universitaria me dijo recientemente que el candidato de la izquierda es feo; no te lo estamos proponiendo para marido, me animé a responderle. 
Bajo ese lodazal subyace un profundo rencor social, una intolerancia hacia lo diferente (por más que la fisonomía de Barbosa sea bastante más cercana al poblano promedio). Siempre ha sido así, es la derecha de esta región, rabiosamente intolerante, hipócrita y cobarde. 
Nada es para siempre en la política electoral. La derecha poblana tiene que reivindicar su lugar en la historia, realizar una autocrítica y prepararse para el futuro. Su actitud de estos días me recuerda a la izquierda Neanderthal de hace treinta años, que amagaba con la piedra en una mano y blandía el garrote en la otra. Aquella izquierda supo aprender, recogió y honró a sus muertos, se organizó y se movilizó y, sobre todo, se preparó. Muchos libros, revistas, artículos periodísticos, documentales, foros, congresos y seminarios se produjeron desde aquel entonces. Hizo elaboraciones teóricas (algunas por cierto muy desafortunadas, como la teoría del capitalismo de Estado); lo importante es que estuvo buscando su propia fisonomía y abrevando de otras tradiciones culturales libertarias. La derecha de estos días en Puebla es decepcionante, está arrinconada en la burla, el insulto y el meme (ese maravilloso recurso de las redes que nos convierte a todos en caricaturistas). No es esa la derecha que el país y Puebla necesitan. Esta opción política tiene algo que decirle a la sociedad pero no será en los métodos y las formas que hoy dominan su discurso, tiene que dar un salto civilizatorio trascendente; entre más se tarde en hacerlo más se alejará la posibilidad de volver a tener la influencia que tuvo (para bien y para mal) en la sociedad poblana. 
No hay vuelta de hoja, ese hombre chaparro y feo será gobernador de Puebla. Tal vez no sea el mejor candidato que pueda tener la izquierda, pero la política se hace de lealtades y él luchó por la candidatura cuando el destino era incierto y cuando otros se metieron debajo de la cama para eludir su cita con la historia. 
Esa historia le negó desde siempre a la sociedad poblana la posibilidad de probar un pluralismo distinto, que incluyera a todos los actores, que incorporara todas las voces. Vicente Lombardo Toledado y el embajador Gilberto Bosques fueron gobernantes por breves periodos, en coyunturas extraordinarias. Hoy la izquierda tiene la oportunidad de gobernar una región vedada para los de abajo. Barbosa va a ganar y aunque no lo sepa (y tal vez tampoco le interese) su triunfo será la reivindicación de muchas generaciones de hombres y mujeres que quisieron desde hace mucho tiempo abrirle un espacio a la negra noche oscurantista. Será un triunfo histórico, a la altura de este hermoso tiempo mexicano. 
CORREO CHUAN
El correo chuan regresa con un tema que no es regional sino nacional. En Puebla se define el destino de la política mexicana. Los resultados en ese estado harán tendencia y se agudizará la descomposición del viejo partido de Estado. Miguel Barbosa tiene sólo un pie pero anda bien y de buenas; varios dirigentes de la campaña panista desertaron para sumarse a su opción y arrastró también al priísmo de viejo cuño. Encabeza una alianza plural, un arco iris demasiado policromo y amplio, será un reto gobernar en esas condiciones. Ni qué decir que fue la derecha poblana con su intolerancia la que motivó esta alianza variopinta que está a punto de hacerse del poder formal. Se trata aparentemente de una jugada en la esquina del tablero, pero sus consecuencias se dejarán sentir pronto en todo el ajedrez político que es el territorio nacional. 
Expreso mi gratitud por las felicitaciones recibidas a partir de la ratificación por unanimidad del Honorable Cabildo Municipal, del nombramiento de cronista en Coyuca de Benítez, también por la cálida recepción que ha tenido mi novela histórica La noche de los lagartos. La primera edición está a punto de terminarse. El correo chuan trae noticias de la política nacional en Puebla. Zapata 21 es una dirección de bellos recuerdos. 
E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Last modified onMiércoles, 29 Mayo 2019 21:15
back to top